Un cliente cuenta que se le inunda el sótano y pregunta el precio de una bomba de 1 HP. El asistente le pasa el precio.
Esa bomba no alcanzaba a subir el agua hasta la calle. Volvió a los tres días con los dos fletes pagados y el vendedor rehízo la operación entera.
Las empresas ya dejan a la IA todo lo que entra.
Y pasan cosas.
Entran pedidos, reclamos, formularios, correos que antes leía alguien, mensajes de chat… y la mayoría se contestan bien. Pero los que traen algo para decidir se contestan igual que el resto y el resultado es otro. Encima, nadie los marca como error, porque las respuestas no estuvieron mal.
Antes de responder hay que decidir qué necesita quien consulta y qué hay que hacer con ese caso. Ese criterio existe en la empresa, en la cabeza de quienes atienden todos los días.
Nuestro trabajo es rescatarlo y ponerlo a decidir en cada caso: en el asistente del sitio y en los correos y formularios que entran. Lo que queda atendiendo decide como decidiría esa persona.
Salió todo bien y la empresa lo terminó pagando
Le cargaron al asistente los manuales completos. Ante cualquier duda, devuelve tres pantallas de especificaciones.
El técnico que estaba en la obra necesitaba un solo número. Llamó a soporte y ocupó a dos personas.
Los pedidos entran por correo y se cargan solos. Llega uno por el triple de lo habitual y se carga igual.
Era un error de tipeo del cliente. Cuando lo vieron, el camión ya había salido con mercadería comprometida para otro pedido.