Seguimos hablando de inteligencia artificial como si fuera el centro del problema. Como si todo se jugara en qué herramienta usar, qué modelo elegir o qué tan avanzada es la tecnología.
Pero no es ahí donde se traba la cosa.
Escuchando a Tyler Cowen —economista, profesor y observador incómodo de los efectos reales de la tecnología— encontramos una idea simple que la mayoría insiste en pasar por alto: cuando algo se vuelve abundante, deja de ser el cuello de botella.
Y hoy la IA es abundante.
Respuestas, textos, ideas, propuestas, código, análisis: sobran. Están a un clic, cada vez más rápidas, más baratas y más accesibles.
Si todo esto está disponible, entonces dejemos de verlo como problema: El problema se desplaza.
La IA no piensa
Este boletín lo aclaró desde el principio, desde su nombre, porque muchas confusiones nacen acá: la IA no entiende lo que hace, no razona, no decide. Funciona bien cuando alguien pensó antes por ella; funciona mal cuando se la deja sola.
Por eso dije —y sostengo— que la IA es burra. Y no como menosprecio, sino como descripción funcional: una herramienta fuerte, paciente, útil… que no va a ningún lado sin conducción.
Este punto es clave, porque si la IA no piensa, alguien tiene que pensar. Y ese alguien no es automático.
El mito del tiempo recuperado
Otra promesa muy repetida es que la IA vino a devolverte tu tiempo. Como si el tiempo ahorrado quedara libre, intacto, esperando a ser disfrutado.
En la práctica ocurre otra cosa: el tiempo que vos no usás, alguien más lo usa mejor. La IA no crea ocio, crea competencia.
La tecnología acelera tareas, sí. Pero el espacio que deja se llena rápido: con más exigencia, más comparación, más presión por decidir mejor.
No vino a tranquilizarte
Tampoco. Decir que la IA no vino a reemplazarte es complaciente… y peligroso porque te desactiva.
No hace falta que desaparezca tu rol para que algo te reemplace. Basta con que una parte de lo que hacías ya no te necesite.
La historia está llena de ejemplos: la máquina no elimina el trabajo, lo desplaza. Cambian las tareas, cambian los roles, cambian los puntos donde se agrega valor.
Eso vale hoy para quienes escriben, gestionan, venden, coordinan o toman decisiones.
La IA no vino a dejarte sin trabajo pero tampoco va a permitir que sigas trabajando igual ni va a garantizar tu relevancia.
El cuello de botella
La idea de Cowen te puede incomodar y te puede servir:
- Si la IA produce respuestas y define preguntas…
- Si genera opciones y las evalúa…
- Si acelera procesos y propone prioridades…
Pero si hace todo esto según un criterio general, reutilizable y estadístico, el mismo criterio que puede servirte tanto a vos como a tu competidor, ¿hay un empate?, ¿se acabó la competencia?
Acá es donde aparece el cuello de botella que, por si todavía no quedó claro, no es tu problema sino tu oportunidad.
Cuando las empresas usan la misma IA, la diferencia no va a estar en usar IA sino en cuándo usarla, cómo usarla y para qué.
El empate lo crea la tecnología y lo rompe una persona: El cuello de botella es el lugar donde seguimos siendo necesarios.
Este atasco, este nudo, llama a:
- definir qué problema vale la pena resolver y cuál no
- decidir qué respuesta usar y cuál descartar
- integrar lo que la IA propone en una acción real
- asumir el riesgo de ejecutar
- sostener un criterio cuando todo invita a cambiarlo (o viceversa)
Todo esto no se automatiza porque lo que hace falta no es capacidad de cálculo sino habitar el mundo real, responder de acuerdo a nuestra percepción y hacernos responsables de las decisiones que tomemos.
Las respuestas, los textos y las propuestas se vuelven abundantes gracias a la IA, ya lo sabe todo el mundo. El siguiente paso es darse cuenta que justamente por esto es que la persona/organización que decide, integra y asume consecuencias deja de ser reemplazable: Se vuelve necesaria y valiosa.
Por delante
Hasta acá, todo lo que fui publicando miró este fenómeno desde distintos ángulos: la ilusión de la inteligencia, la promesa del tiempo recuperado, el miedo al reemplazo.
Lo que viene es ir un paso más allá:
- Mirar de frente dónde se traban hoy las decisiones
- Por qué muchas empresas compran tecnología y siguen igual
- Y por qué, incluso con IA funcionando a pleno, hay responsabilidades que no desaparecen sino que se concentran
No para asustar, no para tranquilizar: para entender dónde sigue estando el trabajo humano. Y por qué ahí es donde se juega la diferencia.